A mi lado, recostada boca abajo, se encontraba una joven en paños menores. Claramente no tenía noción de que horas eran. Empecé a estudiarla poco a poco. Cabello largo y rubio, con piel lisa y blanca, sus brazos cortos y manos chicas. Lo que ya había notado desde un principio era su hermoso cuerpo que poseía. La moví y le grité con la intención de despertarla. Aunque mis intentos fueron en vano, logre despertar a mi compañero de habitación: Mario. Se encontraba debajo de cinco botellas de Whiskey, condones regados en el piso, cientos de latas de cerveza y dos bolsas de marihuana. Parecía que habíamos pasado, de nuevo, una noche de diversión con nuestra banda de Rock.
Cada que
paso una noche de destrucción total con la banda, siempre me vienen a la mente
recuerdos de la infancia. Ideologías que mis padres querían imponerme. Mi
hermosa madre y su familia son de la idea que la respuesta a todo es: Dios. Aunque no soy creyente, por ellos
estoy marcado como católico. Mi padre un sujeto muy firme, estricto y con
bastantes canas, de las cuales yo le he causado la mayoría. Recordé las muchas veces que
los he decepcionado. Nunca fui el hijo que ellos esperaban. Deseaban un hijo
tal vez presidente o maestro, pero a mí lo que me gusta es la música. Por esa razón, tengo un trabajo de medio tiempo con el que mantengo mis estudios. Mi
compañero y yo rentamos un departamento con una recamara, en el que esta incluido el baño.
A pesar
de mis recuerdos sobre la infancia, y que parecía haber pasado una noche
magnifica. Tenía muchas cuestiones en mi mente surgidas de noches pasadas y
que me estaban intrigando: ¿El estar drogado me hacia feliz? ¿Tomar alcohol cada noche, incluso el día, me llenaba emocionalmente? Y, tal vez la más
importante ¿Qué estoy haciendo de mi vida?
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